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viernes, 8 de julio de 2011

Verano...

Llega el verano, hora de renovarlo todo.
Llega el calor sofocante, y los baños refrescantes.

Llegan las mañanas, que no sabes si madrugar o quedarte en la cama hasta tarde. Ya habló mi compañera mucho sobre ésto en el post anterior, así que no diré mucho.

Llega el mediodía, con un calor sofocante que sólo admite la estancia en el exterior, fuera de la casa a resguardo del Sol, para darse un baño en la piscina o en la playa para los afortunados.

Llegan las tardes de silencio, interrumpido únicamente por los ronquidos de los que echen la siesta, los niños jugando y gritando por las calles y plazas, la televisión que sigue encendida de la telenovela de turno, y el sonido de fondo del mar.
... Unas horas que son, francamente, un coñazo para los que no duermen, pero podemos tener nuestros momentos de descanso.
El lápiz es mi mejor amigo éstas tardes de verano, acompañado de los folios. La consola queda relegada al segundo plano, y el ordenador reducido a revisar el correo cada día y poco más.

Llegan los atardeceres de colores cálidos como el propio Sol que los pinta. Los paseos en ese momento que el cielo se ilumina pero el aire comienza a refrescar. A esos momentos que prefectamente podrían ser el perfecto escenario para un momento estelar en una película romántica.

Llegan las noches de salir, de disfrutar, de saber que mañana no habrá clases, ni escuela, ni trabajo. Donde hay quienes optan por el remanso tranquilo, tomando un frío helado con una persona especial; o por un ardor y una música que retumba en toda tu alma con tus amigos y muchos más en una fiesta.

Llega el alba, donde en el mar sólo suelen quedar unos pocos pescadores, en las carreteras coches de gente que va a trabajar bien temprano, y las calles de los jóvenes juerguistas que salen de la fiesta nocturna que llevaban.

Y así vuelve a llegar la mañana, en la que los que llegamos de un paseo matutino, traemos churros, que al ser tan perfectos y amados con chocolate caliente en el frío invierno, tampoco caen precisamente mal en las mañanas tibias de verano.

Desayuno en la terraza, con el aire fresco del nuevo día aliviando el calor del entrante Sol, mientras cogemos fuerzas para el día que se nos espera.
Y más nos vale gastarlas todas, que dentro de un tiempo echaremos demasiado de menos éstos momentos en los que no hay nada que hacer.

Ahora cierro el portátil, me tumbo en la hamaca, y voy a relajarme a la sombra, que el remanso es un buen gozo del verano.




~Enjoy the Summer~

viernes, 14 de enero de 2011

Ocaso

Tardes que cada vez se alargan más, poquito a poquito, pero se alargan más. El Sol cada vez se queda a vernos más tiempo y nos dedica una sonrisa.
Hay gente que se anima para copmenzar el día con los brillos del amanecer; hay gente que permanece totalmente radiante con el Sol tan luminoso durante el día, con ese gran contraste con el cielo azul.
Yo, por mi parte, disfruto y esbozo una sonrisa en mi interior cuando miro el ocaso. El Sol despidiéndose, tiñiendo el cielo a su alrededor de tonos anaranjados y carmesí; mientras la noche ya se empieza a abrir paso al mirar atrás.


Podemos ver las estrellas, llenas de ilusión por comenzar con la función de nuevo, como cada noche. Brillando para que las recordemos, y nosotros recordándolas para verlas brillar otra vez.

Se esconde en el límite del horizonte. Nos deja solos en la noche negra, pero lo hace sabiendo que volverá al amanecer y nos dará un día más para tener esperanza y cumplir lo que queríamos hacer. Se va dejándonos poquito a poquito; cada vez algo más preocupado y quedándose más tiempo vigilándonos y cuidándonos, que no tengamos frío; dandonos calor y luz; dándonos todo lo que tiene para que en la noche sepamos guardarle y no temamos por nada.

En cierto sentido es como la persona a la que amamos.
Nos despedimos lentamente, dejando una gran estela de nuestro recuerdo por un momento., para luego regresar a la negra soledad. Pero no nos entristecemos porque seguimos recordando, y sabemos que al día siguiente volveremos a vernos y disfrutaremos del calor que nos dan y del calor que damos.

Vemos el Sol cada día; y gracias a eso sabemos que siempre habrá un mañana.
Motiva saber que un adiós sólo significa hasta que te vuelva a encontrar, porque te buscaré para seguir disfrutando de tu cara.

Así que, hasta mañana, buenas noches, Sol. ^_^